Desde las caravanas del desierto hasta los palacios de la Reina Victoria, el persa ha sido siempre un símbolo de estatus y elegancia.
La historia del gato persa en Europa comienza en el siglo XVII. Fue el explorador italiano Pietro della Valle quien, fascinado por estos felinos de pelo largo en Jorasán (Persia), trajo los primeros ejemplares a Italia en 1620. Casi al mismo tiempo, Nicolas-Claude Fabri de Peiresc introducía gatos similares en Francia desde Ankara (Turquía).
El favorito de la Reina Victoria
El verdadero "boom" del persa ocurrió en la Inglaterra victoriana. La Reina Victoria era una gran amante de los animales y tuvo varios gatos persas azules y blancos. Su patrocinio convirtió a la raza en el accesorio de lujo definitivo para la aristocracia británica, impulsando la creación de los primeros clubes de raza y exposiciones felinas.
Evolución Estética
Los persas del siglo XIX no se parecían mucho a los actuales. Tenían narices más largas y un pelaje ligeramente menos denso. Fueron los criadores británicos y, más tarde, los americanos, quienes seleccionaron las características que hoy conocemos: cara más plana, orejas pequeñas y un manto infinitamente más largo y sedoso.
El Persa en España
A España el persa llegó algo más tarde, pero con la misma fuerza. Hoy en día es una de las razas más queridas y criadas en nuestro país, gracias a su adaptabilidad a la vida en pisos y su carácter afable que encaja perfectamente con el estilo de vida español.
"Conocer su historia es entender su nobleza."